Albert Sabater Pla

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Ahora toca atacar a la educaci—n.





Como parte de la pugna que Espa–a est‡ llevando a cabo contra Catalunya, ahora ha tocado el asedio desesperado contra la educaci—n.
Tanto el gobierno espa–ol como sus socios (PSOE, PSC y C«S) actœan a la desesperada vertiendo mentira tras mentira y falsedad tras falsedad contra todo aquello que tiene cuatro barras rojas.

Que en los colegios catalanes se adoctrina a los ni–os es una frase repetida hasta el hast’o por parte de aquellos contrarios al independentismo. Pero no por mucho repetir las cosas se convierten en verdades.  Y mucho menos con presuntas pruebas insustanciales e insostenibles por parte de supuestos alumnos a los que se les se–ala, se les incluye en supuestas listas no independentistas y que incluso afirman que han sido apedreados por otros estudiantes, estos si, favorables a la independencia.
Los unionistas, espa–olistas y el propio Gobierno de Espa–a ya no saben que hacer para decantar la balanza hacia su lado. Si su intenci—n es mantener Catalunya unida a Espa–a, lo est‡n haciendo de la peor forma posible. Muchos han acudido al s’mil de la mujer maltratada: Òla matŽ por que era m’aÓ o Òsi no es para m’ no es para nadieÓ y ciertamente, la estrategia no independentista parece encaminada en ese sentido.

Sin que ello les produzca ningœn tipo de sonrojo atacan todo lo que estŽ bajo el control catal‡n. Ahora le ha tocado a la educaci—n.
Afirmar que en los colegios se ense–a a odiar a Espa–a, como afirm— el se–or Albiol,  no solo es falso, a dem‡s es una falta de respeto para los miles de docentes que d’a a d’a trabajan en pos de la educaci—n de los hijos no solamente de los independentistas, tambiŽn de los que no lo son, y de los hijos de aquellos inmigrantes que siempre han sido bien recibidos en Catalunya.
El Se–or Albiol, en una de sus desbocadas , ordinarias y habituales afirmaciones, dijo que Òla aplicaci—n del art’culo 155 no solamente deber’a servir para convocar elecciones, tambiŽn para corregir e intervenir en ‡mbitos como los Mossos D«Esquadra y la educaci—n. TambiŽn a–adi— que no era posible que en la mayor’a de la escuela pœblica catalana se ense–ara a los ni–os a odiar a Espa–a.

A nivel personal, he tenido contacto directo con la escuela pœblica, subvencionada y privada de Catalunya, y puedo afirmar, por las experiencias que me ha tocado vivir, que a ningœn ni–o catal‡n se le ense–a a odiar a Espa–a. Afirmar tal cosa no puede formar parte del intento de una convivencia sana. Un se–or que afirma tal cosa es un provocador, un incendiario, a parte de un maleducado e irrespetuoso para con los miles de profesores catalanes.
Como en todo es probable que exista algœn casos aislado, pero ello no le da derecho a meter toda la educaci—n en el mismo saco y aprovecharlo para desmantelar el sistema educativo y recentralizarlo de nuevo en Madrid. Suena a estado autoritario, lejos del pluriculturalismo que tantas bocas llena en la meseta.

Algunos sectores del patriotismo espa–ol parecen arrepentirse de haber transferido las competencias a Catalunya y desean recuperarlas a toda costa. Para no romper la costumbre cavern’cola de algunos, la forma es hacerlo intentando desprestigiarlas: diciendo que los Mossos d«Esquadra no han sido efectivos el pasado 1 de octubre, que se adoctrina y se dice a los ni–os como pensar, cortando y controlando las finanzas de la GeneralitatÉ

Un paso mas en la sucia guerra fr’a de Espa–a contra Catalunya. 
ÀQuŽ ser‡ lo pr—ximo a desprestigiar?

Para terminar, me gustar’a recordar la frase que don Gabriel Rufi‡n dijo en el Congreso de los Diputados:
ÒSaque sus sucias manos de las instituciones catalanasÓ