Albert Sabater Pla

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A vueltas con la educación de los niĖos.

Escuelas publicas, ética y valores.

 

Quizás el hecho de que estudiara en un colegio privado y religioso condicione en parte mi opinión y lo que considero correcto. También es posible y seguramente más probable, la sustitución de unos valores a mi modo de ver más éticos y respetuosos por otros que sin duda algunos consideran “algo normal en nuestros tiempos” y no lo digo yo, lo dicen los expertos.
Basta con encender el televisor y nos daremos cuenta de ello al ver sustituidos aquellos programas educativos con los que crecimos los de la generación de los setenta, por otros en los que el tema principal son las descalificaciones personales, insultos y concursos en los que prima el aspecto físico por encima del intelectual. Y es que a excepción de dos o tres programas, la gran mayoría hacen bandera del exceso de hormonas y el sobrante de testosterona que tienen algunos. Y lo más penoso, a mi modo de ver, es que es lo único que tienen que ofrecer estos personajes y personajillos y las cadenas privadas.
Las series de dibujos animados con las que crecimos enriquecidos con la sabiduría de los valores que transmitían como “Los tres mosqueperros”, “La vuelta al mundo en ochenta días” o “Érase una vez la vida”, han sido sustituidas por otras completamente vacías de valor pedagógico y ético como Shin-Chan, Doraemon o incluso “Peppa Pig” o “Caillou”, consideradas como las mejores y que ocupan el quinto y séptimo lugar según el estudio realizado en 2012 por dos investigadores del departamento de Dibujo de la Universidad de Granada (UGR)*
 
En contrapartida está la manipulación mediática de la información de las televisiones públicas que sin miedo al sonrojo mienten a la cara de un público cada vez mas aborregado y sin un criterio propio sustentado en una base ética y ausente de valores.
Y es que si antes nos reíamos del “macho cabrío ibérico” en las películas de Pedro Lazaga y otros directores de prestigio de los sesenta, ahora sus sustitutos verdaderamente dan pena, asco y hasta repelús nada más abrir la boca y hacer gala de sus atributos, que mayoritariamente son solamente físicos al ver la diarrea mental que sufren y el machismo engominado y untado en aceite muscular que estos personajes, intento de copia grotesca del “latin lover” de antaĖo, han pasado de un jocoso Alfredo Landa, a un esperpéntico hombre de las cavernas.

Y todo ello se acaba reflejando en nuestros niĖos, que toman como referente a esta basura mediática como a los modelos y mal llamados, héroes a seguir. Y es que para un niĖo siempre ha sido más atractivo ejercer el poder sobre otro de forma violenta que hacerlo demostrando su valía como ser humano y sus valores éticos y cívicos para acercarse a los demás y convencerles de que sus valores son equívocos o diferentes a los suyos. Por desgracia, para algunos adultos también.

Por ende, el sistema educativo actual, muy lejos de ofrecer una corrección a todas estas carencias, parece ser una suave alternativa en la que solamente se cubre la semilla con un poco de tierra, por cierto mal abonada, y se espera que sean las familias las que se encarguen del riego, abonado, cuidado y recogida del fruto, descargando sobre ellas casi la completa responsabilidad de la educación y la enseĖanza no solamente de los conocimientos propios de la escuela, también de valores.

El sistema educativo actual, por lo menos el público, y hablo por experiencia, solamente da a elegir entre clases de religión, más bien lejos de la realidad cristiana dedicándose a un repaso muy ligero de sus bases, o clases de ética y civismo.
Por convicciones personales, decidí que mis hijos siguieran las clases de educación religiosa, pero lejos de encontrarme con unos valores cristianos, preguntándoles a ellos, lo único que han recogido durante el tiempo que han asistido a ellas son clases de historia de un tipo que se llama Jesús el cual no saben ni quién es, solamente que está en el cielo y que, al parecer, era bueno.
No quiero ni imaginar los conceptos que reciben los niĖos que acuden a las clases de ética.

Y ante este panorama tenemos unos padres en muchos casos ausentes, por la dinámica de la propia vida, y en otros casos, simplemente ausentes. En referencia a esto último, me comentaban hace poco desde la dirección de un prestigioso colegio, que hay padres a los que no se les ha visto el pelo en todo el ciclo educativo de sus hijos, y es que ser padre, es algo más que echar un polvo un domingo por la tarde para celebrar la victoria de tu equipo de fútbol.
Una vez eres padre, lo eres toda la vida, no la tuya, la de tu hijo, pues incluso una vez dejamos de existir, los actos que hayamos hecho durante nuestra vida, nuestros hijos los recordarán para siempre, incluso cuando sean adultos, pudiendo convertirnos en sus héroes particulares o en sus pesadillas. Depende de nosotros.

Pero volviendo al sistema educativo, que a todas luces es precario en casi todo lo que ello abarca, cabe decir que en contrapartida a éste tenemos unas asociaciones de padres más preocupadas en conseguir tablets y pizarras electrónicas para los niĖos y hacer unas bonitas fiestas de final de curso, que un buen nivel educativo para éstos. Y es que son muchos los padres que me han trasladado estas inquietudes al respecto de distintas asociaciones de padres y madres que se han convertido mas en un club social para satisfacer el ego personal y artístico de algunos padres que en una asociación para defender y unirse para conseguir mejores recursos para las escuelas y los niĖos.

Sin ir muy lejos, cabe destacar como la ausencia de maestros y especialistas revierte sus efectos directamente sobre los niĖos: Conozco el caso de alumnos de P3 que no saben escribir su nombre aún cuando no se ha detectado en ellos ningún tipo de retraso o problema que afecte o incida en su conducta educativa.

Pero parece que esto no es tan importante como para hacer un autoanálisis de cómo estamos dirigiendo y conduciendo nuestra sociedad de cara a los niĖos, unirse y alzar la voz de forma contundente en contra de la precariedad educativa que nuestros hijos reciben tanto en las escuelas como por parte de los medios de comunicación.
Mientras a algunos les hace gracia oír a sus hijos llamarles por sus nombres de pila, “colega” o “tío” y aluden a un sistema neo educativo o moderno, lo cierto es que son el ejemplo de la calidad de esos valores que decae por culpa de nuestro sedentarismo y valor desmesurado a todo lo que son méritos artísticos por encima de la educación basada en la ética y el respeto.

No puedo negar que como padre espero más. Mucho más, y no me conformo con aquellos padres que aluden a los tópicos del “está montado así” o del “enemigo es grande”. Solamente consigue sus objetivos aquel que se levanta y lucha por sus intereses.
Si Mohandas Karamchand Gandhi no hubiera levantado su voz contra aquel enemigo grande, poderoso e invencible, hoy muy probablemente la India continuaría bajo el dominio del imperio Británico y los indios nativos continuarían sin poder viajar en primera clase en los trenes.
Si el pastor Martin Luther King no hubiera alzado la voz, muy probablemente hoy los negros estadounidenses continuarían bebiendo agua en fuentes distintas a las de los blancos y utilizando baĖos distintos, pero él, al igual que yo, tenía un sueĖo.
“I have a dream”, “Yo tengo un sueĖo”
Yo, como padre, también lo tengo, por una educación mejor para nuestros hijos, por un mundo mejor, y todo ello, no solamente empieza en casa, si no que continúa en las escuelas. En las escuelas públicas que pagamos todos con nuestros impuestos y que no reflejan en absoluto el nivel que nuestros hijos, que son el futuro de nuestro mundo, merecen recibir si queremos dejarles un legado mejor que el que hemos recibido.
Son muchos los padres que luchan por ello, pero son voces aisladas que a duras penas se atreven a levantar por aquello del que dirán, ya que la tendencia del engominado y embadurnado con aceite muscular, se impone con fuerza en un mundo cada vez más vacío de valores sociales.

Las instituciones no harán nada por ellos, suelen funcionar al ralentí de lo que definen como “la velocidad y los tempos del funcionariado” No esperemos nada de ellos ni de los viejos gobiernos que cuatrienio tras cuatrienio se enrocan en definir y remodelar la educación una y otra vez sin atacar lo que verdaderamente importa, que es el efecto que causa en los niĖos todo lo que les rodea: Medios de comunicación, educación en casa y educación en las escuelas.

No basta con sembrar una semilla, hay que hacer más y debemos implicarnos todos. Las AMPAS deben despertar de sus sueĖos, al igual que el resto de los padres, unirse todos en un frente común y luchar por una mejor educación para nuestros hijos.

Albert Sabater





* Tesis de la doctora en Concepción Alonso Valdivieso, bajo la dirección del profesor Jesús PertíĖez López,doctor en Bellas Artes http://www.abc.es/familia/padres-hijos/20140521/abci-ranking-series-dibujos-201404151623_1.html