Albert Sabater Pla

Inicio    Biografía    Novelas    Artículos   Comprar

 

El capitalismo mata.

 


Son muchos los defensores del capitalismo frente a otros sistemas socioeconómicos, y no niego, como tampoco afirmo que sea un buen sistema.
Lo que está claro, sin duda por culpa de la avaricia de algunos, que se trata de un sistema débil e inestable que rápidamente beneficia a los más fuertes y margina a los más débiles.

Las pruebas son numerosas. Desde el reparto parcial e injusto de la riqueza y la pobreza hasta la propia discriminación social por esta causa.
Mientras existan Bill Gates, Amancio Ortega, Warren Buffet o Carlos Slim, por citar solamente los cuatro primeros de la lista Forbes de 2016, que amasen cifras millonarias en su patrimonio y otros que ni siquiera tienen nombre, que apenas tengan lo básico para vivir, el mundo estará condenado al fracaso.

La ambición humana es la que provoca que existan estos desequilibrios con la complicidad de otros menos ricos, integrantes de los gobiernos en la mayoría de los casos que miran hacia otro lado permitiendo acumulaciones de riquezas de unos y la pobreza extrema en otros.

Y por si todo esto fuera poco, al parecer el simple hecho de ser rico, les confiere el derecho a un trato especial y un protocolo diferente, independientemente de si esa riqueza ha sido ganada por méritos propios y un trabajo arduo o por herencia y métodos de dudosa ética y moral.

La ceguera de la ética parece afectar a aquellos que sin darse cuenta admiran a un sujeto que ha obtenido su riqueza a través de la explotación de otros seres humanos. Mientras en occidente un hombre está podrido de dinero, en oriente, hay niĖos trabajando en sus fábricas por sueldos irrisorios que a penas les permiten vivir a cambio de interminables horas de trabajo.

Y es que así se hace rico cualquiera. Su riqueza no ha sido lograda gracias a elegantes e inteligentes estrategias empresariales, si no al aprovechamiento de la pobreza y la necesidad de otros, y cada vez que vamos a una de las tiendas de estos individuos a comprar, nos convertimos en cómplices del sufrimiento de estos trabajadores, que en muchos casos son niĖos muy pequeĖos.

A cambio de salvaguardar la integridad de la coyuntura económica bancaria, se ha sacrificado el estado del bienestar ante nuestras propias narices, y es que mientras en EspaĖa continúe habiendo toros, fútbol y sangría, estamos salvados.

Mientras tanto, la educación sobrevive sin apenas recursos, el sistema sanitario sin camas, ni médicos y apenas medicamentos y las familias haciendo equilibrios en hilos de pescar para poder atravesar el puente de la pobreza.

ņDónde están las huelgas generales indefinidas para presionar por el fin del abuso capitalista?
ņDónde están las voces que se levantan en protesta? De haberlas las hay, pero por desgracia son pocas, mientras que el resto permanece distraído estratégicamente por los gobiernos que nos mantienen aborregados con los toros, el fútbol y la sangría.

El capitalismo puede ser un buen sistema, o no… lo que está claro, es que por ahora, mata.


Albert Sabater