Albert Sabater Pla

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Protegiendo la urna. Protegiendo la democracia.





Vecinos




Estos son mis vecinos.
Muchos nos conocemos solamente de vista. De ir a comprar el pan, de la farmacia, de cruzarnos por la calle...
No nos conocemos por nuestros nombres. En la mayor’a de casos, ni siquiera sabemos a que se dedica uno u otro, nuestras vidas privadas, si tenemos parejas... Nunca hab’amos hablado unos con otros...

Pero ayer daba igual. Ayer est‡bamos unidos por ejercer nuestro derecho a la democracia, nuestro derecho a expresar nuestra opini—n mediante el voto. Un derecho inalienable. Un derecho que forma parte de los derechos humanos. Un derecho propio de los pa’ses progresistas y democr‡ticos.

Muchos han querido tildarlo de ilegal, pero no lo es. Lo ha decidido la mayor’a del pueblo de Catalunya eligiendo en las œltimas elecciones a los partidos que estaban a favor de su celebraci—n.
Y se ha celebrado.
A pesar de la oposici—n del gobierno de Espa–a ayer votamos. Mas de dos millones de personas ejercieron su derecho a voto entre la presi—n, el miedo y la barbarie de una "polic’a militarizada" (como algunos medios extranjeros la han descrito) que se ceb— con sa–a, odio y barbarie contra todo aquello que encontraba a su paso, incluso llegando al maltrato y tortura de una mujer a la que uno por uno le fueron rompiendo los dedos (hasta tres) de una mano. Como si no hubiera sido lo suficiente humillada, luego, le tocaron los pechos. (est‡ grabado, no es manipulaci—n)

Ten’amos miedo. No puedo negarlo. Alrededor del mediod’a sab’amos que estaban ensa–‡ndose con un colegio cercano, el CEIP Diputaci—. All’ estudian ni–os amigos de mis hijos, mis vecinos...
ÁEs horroroso! el miedo se dibuja en las caras de todos...
Algunos lloran: ÁSolo queremos votar!
Nos llegan not’cias desgarradoras. La barbarie psic—tica se ha instaurado a cuatro calles de nosotros.
El silencio se apodera de todos.
Sale el organizador del colegio. "L«encarregat" Los lamentos intentan controlarse para poder o’rle.
Nos confirma que all’ han terminado su pisoteo, y que parece que vienen hacia nosotros.
El horror se dibuja en nuestras calles.
Tengo ganas de llorar... estamos en el siglo XXI, ÀPor quŽ no puedo expresar lo que pienso?
"L«encarregat" nos da instrucciones: - Quitaros collares, pendientes...
ÁPor Dios! ÀHasta d—nde llegar‡ esto? ÁSolo queremos votar! Le hacemos caso. Le han instru’do bien, sabe de lo que habla.
Las im‡genes empiezan a recibirse en los m—viles... Todos tenemos miedo. No somos hooligans, no somos militares, no tenemos armas... Nuestra œnica arma es una papeleta.. un voto... una opini—n...
- ÁTodos a la puerta!
Sigue el silencio sepulcral. Los nervios a flor de piel. Miedo... Todos nos dirigimos a proteger la puerta principal de entrada al colegio. Padres, madres...
- Los abuelos y abuelas que se vayan...
Y se marcharon. Nos quedamos los menos vulnerables, los mas j—venes... La tensi—n se respira en el aire. Hay miedo. Se puede leer en los ojos de todos... ÀQuiŽnes recibir‡n los golpes? Àa quiŽn maltratar‡n?
Dentro se sigue votando, pero nadie se va. Todos estamos esperando a que llegue la brutalidad policial.

Estos son mis vecinos.
Estoy orgulloso de ellos. De todos. Unos votaron por el SI, otros votaron por el NO, pero todos ellos, unidos como uno solo, defendimos la democracia. La defendimos ante la barbarie antidemocratica de los que ven’an a robarla.

Estos son mis vecinos, los quiero, aunque no los conozca, por que mis vecinos son dem—cratas.



(Imagen tomada en el momento en el que proteg’amos la puerta)