Albert Sabater Pla

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Desmoralizaci—n y miedo.





En los bombardeos que asediaron Barcelona los d’as 16,17 y 18 de Marzo de 1938,
Mussolini orden— que los ataques de los aviones italianos se sucedieran sin interrupci—n. Era la primera vez en la historia que una ciudad de mas de un mill—n de habitantes se somet’a a un bombardeo continuo, casi sin interrupciones. La ciudad qued— paralizada, provoc— la huida de miles de civiles, mas de mil muertos (118 ni–os) y otros mil quinientos heridos.
ÒMartellamento diluito nel tempoÓ (martilleo espaciado en el tiempo) fue la orden espec’fica que recibi— a travŽs de un telegrama el 16 de marzo de aquel fat’dico a–o el general fascista Vicenzo Velardi, encargado de llevar a cabo el ataque,.

El objetivo principal era conseguir la desmoralizaci—n de la poblaci—n en retaguardia para que se hundiera de tal modo que cuando las tropas fascistas entraran en Barcelona, la gente estuviera incluso contenta por que se hab’a terminado la guerra y con ello los bombardeos y ataques continuos contra ellos.

La estrategia del ejecutivo de Mariano Rajoy est‡ intentando con mas o menos Žxito utilizar una estrategia parecida. Lejos de ideas conciliadoras, convencedoras de que pertenecer a Espa–a es una buena idea, han tomado como referencia el  Òmartellamento diluido nel tempoÓ para aplicarlo de nuevo contra los catalanes con la incierta esperanza de que terminen por aborrecer el proceso de secesi—n tras el goteo constante de ataques.
 Para muchos ciudadanos la pol’tica no es mas que depositar el voto en una urna y esperar que el que salga elegido lo haga bien, o por lo menos no peor que el que hab’a antes, y aunque ciertamente hay mucha gente hastiada del proceso que se est‡ viviendo en Catalunya, el independentista nato, el convencido de coraz—n dif’cilmente ser‡ disidente de sus convicciones por muchos ÒbombardeosÓ que desde la meseta se puedan enviar, y cada vez son mas los que ven en Espa–a la ant’tesis de lo que desean para sus vidas y las de sus futuros.

La ausencia de separaci—n de poderes, la pŽsima gesti—n econ—mica, persecuci—n ideol—gica, presos pol’ticos,  un futuro social , econ—mico y cultural incierto, el retroceso en derechos sociales, humanos, vulneraci—n de la libertad de expresi—nÉ son razones cuyo peso es suficiente para que la balanza se decante del lado de la secesi—n.

Si en 1938 lo que ca’an eran bombas sin descanso, ahora son imputaciones sin base legal, acusaciones de delitos no cometidos, utilizaci—n de la justicia como arma arrojadiza contra la ciudadan’a, tuiteros, titiriteros, raperos, organizaciones civilesÉ y sin duda con la intenci—n de infundir miedo, ese mismo miedo y hast’o que en el pasado sirvi— para que muchos desearan el fin de la guerra, al precio que fuera.

Espa–a, como naci—n, est‡ en ca’da libre. La econom’a no se sostiene, no en vano Gay de Liebana afirm— hace unos d’as que la deuda espa–ola es impagable y el pa’s se encuentra en bancarrota. La bolsa de las pensiones est‡ vac’a y los futuros pensionistas, los j—venes de hoy, dif’cilmente podr‡n acceder a las merecidas pensiones en condiciones similares a las que ha habido hasta el estallido de la crisis. El sector econ—mico est‡ completamente colapsado, y a pesar de ello, parece que sobren millones de euros para rescatar autopistas, regalarlos al se–or Florentino, y derrocharlos en necedades contraproducentes.

Espa–a se encuentra en estos momentos, mas cercana al costumbrismo inquisitorio arrollador que a un estado de derecho que defienda los derechos de sus ciudadanos.

Si el futuro de Catalunya ante el panorama espa–ol es incierto, el de Espa–a, bien sea junto a Catalu–a o sin ella, es completamente oscuro.
Lo œnico que est‡ claro es el mŽtodo de sometimiento de los catalanes: el terror y hast’o, el Òmartellamento diluido nel tempoÓ