Albert Sabater Pla

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Albert Sabater Pla







Mediaci—n externa.





Ambas partes, frente independentista y Gobierno de Espa–a se encuentran actualmente enrocados en lo que cada uno considera legalidad, o en todo caso leg’timo.

Al inicio del conflicto, el apoyo al Gobierno de Espa–a era incondicional por parte de la mayor’a de gobiernos no solamente europeos, tambiŽn del resto del mundo. Uno de ellos vino por parte del presidente de MŽxico que afirm— que nunca reconocer’an una Catalunya independizada. Quiz‡s se le ha olvidado a este buen se–or, dudo que sea por ignorancia, que su tan amado MŽxico se independiz— de Espa–a despuŽs de un alzamiento militar y de forma armada.
Otros pa’ses han mostrado su desacuerdo de forma oficial, aunque son conocidas, entre bastidores, las opiniones que abogan por el di‡logo de muchos pol’ticos y dignatarios extranjeros.

Poco a poco, primero de forma individual, han ido levant‡ndose voces a favor de que Espa–a entable un di‡logo para solucionar el conflicto que tiene con Catalunya. El autoritarismo no ha funcionado, el uso de la violencia ha creado una imagen nefasta y de descrŽdito no solamente para el estado espa–ol, tambiŽn para la credibilidad democr‡tica de la Uni—n Europea.
El secretario de econom’a europeo, Pierre Moscovici ha sido el primero en dar un paso adelante a favor del di‡logo, pidiendo en la emisora France Radio el pasado martes un di‡logo entre el gobierno de Mariano Rajoy y el de Carles Puigdem—nt.
Parece que la Europa que se ha mantenido inm—vil durante todo el conflicto empieza a despertar de su letargo en el que se ha mantenido sumida.

El dios dinero empieza a mover conciencias, o mejor dicho: intereses. Que Espa–a usa, incluso fomente la fuga de empresas de Catalunya se est‡ demostrando que es un disparo en el pie. Si cae Catalunya, si la continśa ahogando econ—micamente como lo est‡ haciendo, si continśa usando el miedo ante los inversores y empresas, la siguiente en caer ser‡ Espa–a. Su irresponsabilidad de la estratŽgica econ—mica es muy peligrosa, y Europa es consciente de ello.

Alude Moscovici que lo ŇirreparableÓ aśn no se ha producido, refiriŽndose a la independencia de Catalunya, por esta raz—n no pueden aśn forzar ese di‡logo.
A pesar de que la confianza en el MHP Carles Puigdem—n es incondicional por casi todas las entidades independentistas muchas reclaman ya que declare la independencia para poder hablar como un sujeto pol’tico de igual a igual con el Gobierno de Espa–a.
Quiz‡s sea lo que debe hacer para que empiecen a tomarse en serio que  lo de Catalunya no es obra de un loco al que se le ha ido la pinza, si no que ha surgido desde la calle, y que ha sido la calle la que ha obligado a la clase pol’tica a reclamar el derecho de autodeterminaci—n. Un derecho que recogen leyes internacionales que la propia Espa–a firm— en su momento.