Albert Sabater Pla

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Albert Sabater Pla







RepartiŽndose Catalunya.





La activaci—n del art’culo 155 en Catalunya, lo que desde Madrid llaman Ňaplicar la constituci—nÓ, algo que todos pens‡bamos que era de aplicaci—n y vigencia diaria, va a traernos escenarios no solamente inexplorados, tambiŽn ins—litos.

El entusiasmo de los principales responsables de la oposici—n para que se aplique cuanto antes es patente. No pueden esconder sus ansias de poder. Un poder que si no fuera por esta situaci—n nunca estar’a a su alcance en Catalunya.

Albert Rivera de Ciudadanos, sin sonrojo ni pudor alguno se supera d’a a d’a con cada una de sus declaraciones en prensa o intervenciones en el congreso. A cual mas rancia y cercana a tiempos pasados.
Es consciente que en una situaci—n normal, le ser’a imposible conseguir algśn ayuntamiento en Catalunya, como mucho uno o dos,  y mucho menos ocupar la presidencia de la Generalitat. Pero ahora quiz‡s le hayan prometido poner sus manos en el control de alguno de los hilos que mueven Catalunya y eso, le produce una excitaci—n que se adivina a la legua.

Albiol es otro que sin duda se frota las manos con la idea de ocupar el sill—n de la presidencia de la Generalitat, pero a este hooligan, imitador barato de los mŽtodos chulescos propios de Donald Trum,  tal responsabilidad le viene tres o cuatro tallas grande. Ni reśne las condiciones intelectuales, ni protocolarias.

Moralmente, quiz‡s lo mas triste es la actitud de Pedro S‡nchez, que en febrero promet’a que nunca aprobar’a aplicar el 155 y en octubre acuerda con Rajoy su aprobaci—n. ŔMala memoria? Ŕo cambio de opini—n por intereses personales?

No hay que pasar por alto al chocarrero Iceta, el de los bailes de buf—n, que ha sido quien ha proporcionado la bandeja de plata, y sin rechistar, para servir Catalu–a a los carro–eros.

El pacto de 1978 muri— al liquidar el estatut de 2010, tambiŽn cuando el juzgado ŇafinabaÓ algunos temas que no le interesaban al Partido Popular, cuando quit— la correa a aquellos que apalizaron votantes, y ahora volver‡ a morir con la subyugaci—n del art’culo 155.
Est‡ quedando en evidencia que el franquismo no muri— con el dictador, solamente baj— la voz para intentar pasar inadvertido pero que al verse amenazado ha vuelto gritar como entonces.
Quiz‡s las cosas desde el frente independentista no se han hecho de la mejor forma posible, pero de lo que no hay duda es que desde el otro lado, el que reclama devolver la ŇnormalidadÓ a Catalunya, se han hecho peor.

Catalunya est‡ unida, por lo menos una grand’sima parte de ella, y el intento de someterla de nuevo, igual que se intent— en el pasado, tendr‡ consecuencias no solamente imprevisibles, tambiŽn nefastas.

Catalunya no est‡ en venta, y mucho menos a los carro–eros que se mueren de ganas por despedazarla con sus garras bajo la excusa de una constituci—n caduca, y tantas veces incumplida por parte del gobierno del PP.