Albert Sabater Pla

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El Usteo y el tuteo, costumbres olvidadas


Hace unos d’as, viv’ una extra–a situaci—n con una persona que ocupa un importante cargo dentro del sector educativo.
La primera vez que hablamos, me sorprendi— que sin conocerme de nada se dirigiera a m’ por mi nombre de pila e hiciera uso del tuteo. Entre otras razones, sobretodo me extra–— por el cargo que desempe–a, lo que significa para mi dicha posici—n y lo que supone.
 
Durante toda la conversaci—n yo usŽ la f—rmula que consideraba m‡s adecuada para estos casos segśn establece el protocolo, usando el usted en todo momento, mientras que mi interlocutor, continu— usando la forma coloquial y distendida con la que hab’a empezado la conversaci—n.

No puedo negar que la conversaci—n, a pesar de que no dur— demasiado, quiz‡s cinco o seis minutos, fue bastante tensa por el tema que tratamos, de ’ndole personal y referido a una tercera persona con la que deseaba contactar y de la que no me daba opciones para satisfacer mi demanda.

D’as m‡s tarde, tuve que volver a tratar con esta persona y su forma de respeto elegida continu— siendo la misma: usando mi nombre de pila y el tuteo como si nuestra amistad hubiera empezado a–os atr‡s.
Yo deseaba entregarle una documentaci—n y hacerle unas preguntas referentes al pr—ximo curso, pero se neg— a recibirme aludiendo que se encontraba reunida y muy ocupada. Curiosa respuesta cuando la raz—n de ser, tanto de su puesto como de su oficio, son los ni–os, y por defecto, los padres de Žstos.

Ante tal negativa y atisbo de indiferencia y displicencia hacia mi persona, le ped’ educadamente que no continuara tute‡ndome, puesto que no Žramos amigos y merec’a recibir el mismo respeto con el que yo la hab’a tratado hasta aquel momento.
Como esperaba, se qued— sin palabras por un momento. Supongo que no esperaba que alguien fuera capaz de frenar su conducta, indiferencia y prepotencia, y menos aśn en su tan "respetable" e importante cargo reciŽn estrenado.
Desde aquel momento la conversaci—n por parte de mi interlocutor se convirti— en monos’labos y cortas palabras completamente a la defensiva, sin claudicar en ningśn momento en su empe–o por no recibirme y apeando el tratamiento a pesar de que yo continuŽ solicit‡ndole educada y pausadamente que no continuara tute‡ndome. Sin duda hab’a roto su esquema y lo śnico que deseaba era que la conversaci—n terminara, lo cual sucedi— r‡pidamente, eso si, depues de decirme que la documentaci—n que deseaba entregarle, la tirara por debajo de la puerta exterior de la escuela, asegur‡ndome que la recoger’an Ňcuando pudieranÓ.

No se trata de que yo sea mejor que nadie y merezca un trato diferente. Tampoco ostento t’tulo nobiliario, ni soy doctor o alguien distinguido.
No soy m‡s que una persona normal y corriente.
Se trata de responder a una f—rmula de respeto hoy d’a casi olvidada, y quiz‡s lo que m‡s me duele, es que este olvido venga por parte de aquellos que tienen parte del molde del futuro de nuestros hijos en sus manos. 
ŔQuŽ podemos esperar de nuestros hijos si aquellos que deben moldearlos no solamente con conocimientos, si no tambiŽn con principios basados en la buena educaci—n, la Žtica, la moral y las buenas maneras, se olvidan de ella?

Sin duda, el uso del tuteo en las aulas no ha obtenido el resultado esperado. Son numerosos los casos de sublevaciones, faltas de respeto, insultos y desplantes por parte de algunos alumnos hacia sus profesores y en mi opini—n, la culpa no es solamente de los padres, tambiŽn del sistema educativo que no ha sabido encontrar un punto de equilibrio entre ser cercano y mantener la distancia suficiente a travŽs del respeto y un protocolo de conducta y buenas maneras.

Comentando el tema con un colega, hizo hincapiŽ en que se trata de una cuesti—n de modas. Que en este momento, hablar de usted no est‡ de moda.

Yo sinceramente, creo que se trata de algo mas profundo y hay que ahondar en los valores que ya desde casa estamos dando a nuestros hijos y que sin duda alguna deben continuar y ser reforzados en la propia escuela. Ni la ense–anza de conocimientos debe ser tarea exclusiva de la escuela, ni la pedagog’a de la conducta, buenas maneras y respeto, de los padres. Soy partidario de una cohesi—n en su justa medida de ambas por parte de las dos entidades.

Que despuŽs de pedirle a un funcionario de la educaci—n que no te tutee, continśe haciŽndolo, es un claro s’ntoma de que hay algo que no funciona correctamente en el sistema. Una falta de respeto de este calibre hacia un padre, es imperdonable, y m‡s aśn cuando se trata del encargado de la educaci—n de nuestros hijos.

Hablar de usted a alguien, si te lo pide, es un acto de respeto y deferencia hacia esa persona.
No se trata de costumbres ni de modas, si no de un acto de consideraci—n a los dem‡s que debe, o por lo menos deber’a, perdurar en el tiempo independientemente de las modas. Hablar de usted a alguien no te hace m‡s antiguo, si no m‡s distinguido.

La sociedad se est‡ relajando y si bien es cierto que las austeras f—rmulas de educaci—n del pasado estar’an completamente anticuadas y fuera de lugar en nuestros d’as, no lo est‡n por contra, las f—rmulas del respeto hacia los dem‡s.

Dirigirse en una primera conversaci—n con un desconocido usando el usteo, es una forma de decirle: Ňa pesar de no conocerle, siento un respeto hacia su persona y de Žsta forma se lo demuestroÓ.

En el mismo vag—n del usteo, viajan tambiŽn el "Buenos d’as", "Disculpe", "pase usted primero", y "siŽntese en mi asiento, que est‡ usted embarazada"

La base en todo ello es la misma: el respeto hacia los dem‡s y el reconocimiento de la importancia de otros seres humanos como seres śnicos en si mismos.

Si perdemos el respeto por la educaci—n, ŔQuŽ nos queda?
A mi modo de verlo, la bajada de un pelda–o en la evoluci—n del ser humano en las bases de la convivencia.